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El aumento de los jóvenes migrantes reflejo de un generación desilusionada

Hasta hace poco, Raúl Prado y Aidana Hernández creían en el cambio. Cuba estaba abriendo el acceso a Internet y había una bocanada de libertad en el aire.

Pero las autoridades rápidamente apretaron la válvula, y los dos artistas ahora se han unido a miles de otros jóvenes para huir de la dictadura, donde la crisis económica y la constante represión han ayudado a erosionar la esperanza.

Hace tres años, la pareja vio cómo Internet móvil ampliaba sus horizontes y cambiaba su vida diaria, permitiendo que toda una generación se conectara entre sí y con el mundo exterior.

Sin embargo, las autoridades han detenido ese impulso en seco cuando el país ha caído en su peor crisis en 30 años, en parte debido a la corrupcion gubernamental.

La experiencia de la pareja encarna la de muchos jóvenes bien educados y socialmente comprometidos que han renunciado a luchar por un país libre y próspero y han optado por el exilio, privando al país envejecido de su talento emergente.

Desde que Cuba reabrió sus fronteras en noviembre tras las restricciones por la pandemia del coronavirus, el éxodo ha sido implacable.

JÓVENES MIGRANTES

La mayoría de los migrantes vuelan a América Central y luego caminan hasta la frontera con Estados Unidos, o suben clandestinamente a bordo de botes tratando de evitar que las autoridades crucen el Golfo de México hacia Florida.

Según la aduana estadounidense, más de 113 000 cubanos arribaron al país desde México entre octubre y abril.

El sociólogo Rafael Hernández lo compara con el éxodo de 130 000 personas entre abril y octubre de 1980.

Si las cifras continúan al ritmo actual, se convertirá en la mayor ola migratoria en los 63 años desde la revolución comunista en el país de 11,2 millones de personas.

La emigración “va en aumento y entre esa emigración de los jóvenes que estudiaron en la universidad”, admitió en la prensa oficial el científico Augustin Lage, ferviente defensor de la dictadura.

INTERNET MÓVIL, POR FIN

Las cosas empezaron a cambiar en diciembre de 2018 cuando Cuba, uno de los últimos países del mundo en hacerlo, activó el internet móvil en los teléfonos, lo que permitió a los cubanos un mayor acceso a información sin censura y organizarse lejos de miradas indiscretas.

Un mes después, un tornado azotó la isla matando a tres personas e hiriendo a 172 más.

Rápidamente entendió el poder de Internet móvil y comenzó a movilizar a amigos y conocidos en las redes sociales para organizar la ayuda para los afectados.

El diminuto apartamento de 35 metros cuadrados de la pareja en el barrio habanero de Miramar pronto se convirtió en el punto de recogida de donaciones de alimentos y ropa.

No tenía precedentes en un país donde solo las autoridades podían actuar de esa manera.

Pero así fue como nació una red informal en línea, donde los jóvenes cubanos, incluidos muchos artistas, podían movilizarse libremente sin la interferencia del Estado.

“Después del tornado hubo otras cosas” en las que se involucró el grupo, dijo Prado.

Los derechos LGBT, el bienestar animal, la lucha contra la violencia de género: estaban activos en línea y también esperaban llevar sus campañas a las calles.

Noviembre de 2020 fue otro momento decisivo cuando el grupo activista de San Isidro publicó una transmisión en vivo en Facebook de una protesta en La Habana que exigía la liberación de un rapero detenido.

Al día siguiente, 300 artistas protestaron frente al Ministerio de Cultura para exigir más libertad de expresión. Entre ellos estaban Prado.

Tomados por sorpresa, la policía dejó que la protesta siguiera adelante.

“Lo que sucedió hoy fue histórico”, dijeron muchos manifestantes , cuando lograron una audiencia con funcionarios del ministerio, aunque nunca se cumplió un diálogo prometido posterior.

‘GENERACIÓN ENOJADA’

Pero pronto aparecieron los obstáculos.

El 11 de julio de 2021, Prado y Hernández estaban preparando espaguetis y esperando ver por televisión la final de la Eurocopa entre Inglaterra e Italia.

Fue un shock saber que miles de cubanos se manifestaban en las calles al grito de: “¡Tenemos hambre!”. “¡Libertad!” y “¡Abajo la dictadura!”.

Una vez más se unieron reuniendo a un grupo de jóvenes para dirigirse al instituto cubano de la televisión a exigir 15 minutos de aire para dirigirse al país.

Esta vez, sin embargo, se encontraron con la represión.

No solo se denegó su solicitud, sino que varios manifestantes fueron desalojados violentamente, arrojados a un camión de basura y llevados a una comisaría.

Más de 1 000 personas fueron detenidas durante las protestas en todo el país, una persona murió y decenas resultaron heridas cuando las fuerzas de seguridad reprimieron las manifestaciones públicas no autorizadas.

Prado y García fueron liberados al día siguiente, pero las autoridades los vigilaron.

Tal como estaban las cosas, más de 700 personas han sido acusadas por las protestas del 11 de julio y enfrentan hasta 20 o 30 años de cárcel.

“Mi generación no tiene miedo, está enojada”, dijo Hernández. “Esta ira se ha convertido en dolor”.

‘IRRESPONSABLE’ QUEDARSE

Para Prado y Hernández, la decisión de irse vino cuando se enteró que estaba embarazada.

Ella no quería dar a luz en Cuba.

Prado dijo que no habría podido reducir su activismo político en Cuba y que “sería irresponsable de mi parte hacer pasar” a su esposa e hijo por eso.

Sin embargo, no fue fácil, ya que en los últimos meses las autoridades han impedido que muchos jóvenes críticos, disidentes, periodistas y artistas abandonen la isla.

Hernández comenzó su viaje, inicialmente a España, el 30 de enero cuando estaba embarazada de seis meses.

“Nunca antes había salido de Cuba y me sentía realmente perdido”.

Recibió una visa Schengen por un año que le permitió viajar a México el 11 de febrero desde donde le pagó a un traficante de personas para que la llevara a Mexicali, cerca de la frontera con Estados Unidos, que cruzó el 7 de marzo.

Prado no necesitaba tomar la misma ruta complicada ya que ya tenía una visa estadounidense.

Mientras Hernández viajaba, estaba terminando de trabajar en la película de Fernando Pérez “Riquimbili o El Mundo de Nelsito”.

También vendió su apartamento.

“Es muy triste. Estoy en el proceso de tomar una decisión que nunca quise tomar, que siempre me negué a tomar”.

‘NUNCA DEJES DE SER CUBANO’

Estos jóvenes “sienten que no tienen futuro en Cuba”, dijo Pérez, de 77 años, el principal director de cine de Cuba.

“O dicho de otro modo, no quieren seguir viviendo sin libertad de movimiento… sin espacios para expresarse y ejercer su derecho a pensar diferente y a protestar”.

Esta ola migratoria “es lo peor que nos puede pasar como país”, dijo Pérez.

Cuba está perdiendo una generación de jóvenes, que quizás nunca regresen.

A algunos que lo han intentado recientemente se les negó la entrada.

“Cuba no tiene opción y debe mejorar sus políticas migratorias”, dijo Antonio Aja, director del centro de estudios demográficos de la Universidad de La Habana.

Eso implicaría mejorar las relaciones con la diáspora cubana, que a menudo es vista con recelo por las autoridades.

“Cuba no debe convertirlos en migrantes (permanentes)” de lo contrario “la situación se volverá insostenible”.

La nación isleña ya tiene una de las edades promedio de población más altas de América Latina —el 21,6% de la población tiene más de 60 años— y dada la baja tasa de natalidad desde 2020, ha sido superada por la tasa de mortalidad.

En Miami, Hernández acaba de dar a luz a un hijo, Bastian.

“Cuando miro hacia atrás, cuando miro a la Cuba que dejé atrás, estoy convencida de que tomé la mejor decisión porque al menos siento que hay oportunidades” en Estados Unidos, dijo.

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José Martí
José Martí
Nacionalista cubano, poeta, filósofo, ensayista, periodista, traductor, profesor y editor.

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